4. Puede empeorar la diverticulitis.
La diverticulitis es una inflamación de los divertículos, pequeñas bolsas que se forman en la pared del intestino grueso. Si bien una dieta rica en fibra puede ayudar a prevenir la diverticulitis, consumir semillas de chía durante un brote activo puede empeorar la afección. Las pequeñas semillas pueden quedar atrapadas en los divertículos y causar mayor inflamación.
5. Puede provocar una reacción alérgica.
Las personas con alergia a los frutos secos o a las semillas también pueden ser alérgicas a las proteínas de las semillas de chía. Una porción de 100 g de chía contiene aproximadamente 16,54 g de proteína, lo que puede desencadenar una reacción alérgica en algunas personas.
Los síntomas de una alergia a las semillas de chía pueden incluir erupciones cutáneas, ojos llorosos, vómitos, diarrea y problemas respiratorios como tos persistente, sibilancias o dificultad para tragar. En casos graves, esto puede provocar un choque anafiláctico, que requiere atención médica urgente.
6. Puede desencadenar tumores de próstata.
La relación entre las semillas de chía y el riesgo de cáncer de próstata sigue siendo objeto de debate. Un estudio de 2010 sugiere que el ácido alfa-linolénico (presente en las semillas de chía) podría reducir dicho riesgo. Sin embargo, un estudio más reciente de 2013 indica que los alimentos ricos en omega-3, como las semillas de chía, podrían favorecer el desarrollo de tumores de próstata. Si bien este tema aún no está claro, se recomienda evitar su consumo excesivo mientras se realizan más investigaciones.
No exceda de 1,5 cucharadas dos veces al día.
Aunque las semillas de chía ofrecen muchos beneficios para la salud, es importante no excederse. Un consumo moderado, de una a una cucharada y media dos veces al día, suele ser suficiente. Como siempre, se recomienda dejarlas en remojo durante la noche para una mejor digestión y una óptima absorción de nutrientes.
Aunque las semillas de chía se consideran un superalimento, aún se necesitan estudios exhaustivos para evaluar su seguridad en ciertas poblaciones, como personas con triglicéridos altos, hipotensión o mujeres embarazadas. También es importante no depender exclusivamente de ellas para obtener fibra ni consumirlas en exceso, incluso como parte de una dieta para bajar de peso, ya que esto podría aumentar la ingesta calórica sin los beneficios esperados.