Existen historias que parecen inventadas por un guionista, pero que ocurren en edificios cualquiera, en ciudades cualquiera, entre personas que se cruzan a diario sin sospechar el peso de lo que callan. Esta es una de ellas, y sucedió en un bloque de diez pisos en la calle Mărășești, en la ciudad rumana de Focșani.
Una vida entera en el mismo edificio
Radu tiene 37 años, trabaja en un depósito de repuestos automotrices y jamás abandonó el departamento donde nació, en el tercer piso del edificio construido en 1974. Allí creció, estudió, se casó, se divorció y regresó. Sus padres ya habían fallecido —su padre en 2011 y su madre cuatro años atrás—, y desde entonces vivía solo.
En el mismo edificio, cinco pisos más arriba, vivía desde 1974 una mujer conocida por todos como doña Ileana. Durante 50 años, esa mujer no habló con nadie. Saludaba con un leve movimiento de cabeza, pagaba las expensas en un sobre cerrado, no participaba en reuniones y jamás sonreía, ni siquiera a los niños. Salía los martes y viernes a las 9 de la mañana y regresaba una hora después con una bolsa liviana. Los vecinos especulaban sobre alguna tragedia antigua, pero nadie sabía la verdad.
La muerte y el hallazgo
En marzo, una ambulancia llegó al edificio. Doña Ileana había fallecido sola en su departamento; la encontró el cartero al llevarle la jubilación. Una sobrina lejana vino desde Iași, revisó el lugar y se marchó sin mayor interés.
Casi un mes después, dos policías tocaron la puerta de Radu. Le pidieron que los acompañara al octavo piso porque habían encontrado documentos que lo mencionaban. Al entrar al departamento 34, todo estaba impecablemente limpio, con muebles de los años setenta cuidadosamente lustrados. Pero lo que dejó a Radu sin aliento fue la pared del living.
Una pared llena de recuerdos
Estaba cubierta por casi un centenar de fotografías. Todas eran de él. Él a los tres años en bicicleta. Él en su primer día de escuela. Él a los 15 con el uniforme del liceo. Él el día de su boda. Él acompañando a su madre al mercado. Él regresando de hacer las compras en el último verano. Todas tomadas desde arriba, desde la ventana de aquel octavo piso. Durante décadas, sin que él lo supiera.
Los policías le entregaron un sobre encontrado en la mesa de noche, junto con un testamento autenticado en 2019. El departamento le había sido legado a él.
La carta que lo explicaba todo