La diabetes es una enfermedad crónica que, con el paso del tiempo, puede impactar diferentes órganos y sistemas del cuerpo. Uno de los efectos menos visibles, pero potencialmente más delicados, es el daño progresivo en los nervios, una condición conocida como neuropatía diabética. Este problema puede desarrollarse de manera silenciosa, al punto de que muchas personas no detectan sus síntomas hasta que ya ha avanzado.
El vínculo entre la diabetes y el sistema nervioso está relacionado principalmente con los niveles elevados de glucosa en sangre. Cuando estos valores permanecen altos durante períodos prolongados, pueden dañar directamente las fibras nerviosas. A esto se suma el efecto de otros factores metabólicos, como el aumento de triglicéridos, que también contribuyen al deterioro. Además, los pequeños vasos sanguíneos encargados de nutrir los nervios pueden verse afectados, reduciendo el aporte de oxígeno y nutrientes esenciales. Como resultado, el funcionamiento nervioso comienza a alterarse.
La neuropatía diabética es, en términos simples, el daño en los nervios causado por esta enfermedad. No se trata de una única manifestación, ya que puede involucrar distintos tipos de nervios en el cuerpo. Sin embargo, la forma más frecuente es la llamada neuropatía periférica, que afecta principalmente a los pies y las manos.
En sus etapas iniciales, esta condición suele comenzar en los pies. Muchas personas describen sensaciones como ardor, hormigueo o una especie de “pinchazos”. En algunos casos, también puede aparecer dolor tipo descarga eléctrica, especialmente durante la noche. Con el avance del daño, puede surgir entumecimiento, lo que implica una disminución de la sensibilidad. Este último punto es especialmente importante, ya que una persona puede no percibir lesiones menores, como cortes, ampollas o rozaduras.
