Por qué el mar es salado: el verdadero origen de la sal en los océanos

Un misterio tan antiguo como la humanidad

Desde que los primeros navegantes probaron el agua del mar, la humanidad se ha preguntado por qué los océanos tienen ese sabor tan característico. La respuesta parece sencilla: el mar es salado porque contiene sal disuelta. Sin embargo, la verdadera pregunta es de dónde proviene esa enorme cantidad de sal. Los océanos del planeta almacenan aproximadamente 50 millones de billones de toneladas de sales disueltas, una cifra tan colosal que, si se extrajera y se distribuyera sobre la superficie terrestre, formaría una capa de más de 150 metros de espesor.

Durante mucho tiempo, la explicación más aceptada fue que los ríos arrastraban la sal desde los continentes hacia el mar. Pero investigaciones recientes han demostrado que esta idea, aunque parcialmente cierta, es incompleta. La verdadera fuente de la salinidad oceánica se encuentra en un lugar mucho menos evidente: el fondo del océano.

La teoría clásica: los ríos como transportadores de sal

Durante décadas, los libros de texto explicaron que el agua de lluvia, ligeramente ácida por el dióxido de carbono atmosférico, erosionaba las rocas continentales y disolvía sus minerales. Estos minerales, incluyendo cloruro de sodio y otras sales, viajaban por ríos y arroyos hasta desembocar en el mar. Con el paso de millones de años, el agua se evaporaba, pero las sales permanecían, acumulándose progresivamente.

Esta explicación tiene lógica, pero presenta un problema fundamental: los cálculos no cuadran. Si se suman todas las sales que los ríos aportan actualmente al océano y se multiplica esa cantidad por la edad estimada de los mares, el resultado no coincide con la salinidad real. Además, la composición química del agua de los ríos es muy distinta a la del agua marina. Los ríos son ricos en calcio y bicarbonatos, mientras que los océanos están dominados por sodio y cloro. Algo no encajaba.

El descubrimiento que cambió todo: las fuentes hidrotermales

La verdadera revolución llegó en 1977, cuando el submarino Alvin descendió a más de 2500 metros de profundidad en la dorsal de las Galápagos. Allí, los científicos descubrieron algo asombroso: chimeneas submarinas que expulsaban agua a temperaturas superiores a 350 grados centígrados, cargada de minerales disueltos. Estas estructuras fueron bautizadas como fumarolas hidrotermales o “fumarolas negras” por el color oscuro de los sulfuros metálicos que liberaban.

Este descubrimiento cambió por completo la comprensión del ciclo geoquímico del planeta. En las dorsales oceánicas, donde las placas tectónicas se separan, el agua marina se infiltra en la corteza a través de grietas y fisuras. Allí entra en contacto con el magma caliente, se calienta a temperaturas extremas y disuelve enormes cantidades de minerales de la roca volcánica. Cuando esta agua supercalentada vuelve a emerger, arrastra consigo sodio, cloro, potasio, calcio, magnesio y numerosos elementos más.

El ciclo oculto bajo el océano

 

 

⬇️Para obtener más información, vaya a la página siguiente.⬇️

Leave a Comment