Por qué muchas mujeres se distancian emocionalmente de sus parejas al envejecer, según Mario Alonso Puig

Con el paso del tiempo, muchas parejas atraviesan una transformación silenciosa en la que la mujer, después de décadas de convivencia, comienza a mostrar una actitud más distante hacia su esposo. Este fenómeno, lejos de ser un capricho o una consecuencia inevitable de la edad, tiene raíces profundas que combinan factores biológicos, emocionales, sociales y prácticos. El divulgador y médico Mario Alonso Puig ha abordado este tema en varias ocasiones, ofreciendo una mirada que ayuda a comprender por qué esa distancia aparece y qué revela sobre la dinámica de la pareja.

Un cambio que no ocurre de un día para otro

El alejamiento emocional de una mujer respecto a su marido rara vez es repentino. Suele ser el resultado de años de acumulación de pequeñas insatisfacciones, renuncias silenciosas y necesidades no atendidas. Durante gran parte de la vida adulta, muchas mujeres asumen un rol de cuidadoras: se ocupan del bienestar de los hijos, de la organización del hogar, del sostén emocional de la familia e incluso de las necesidades prácticas de su pareja. Cuando los hijos crecen y abandonan el hogar, muchas mujeres se encuentran con un espacio de introspección que antes no tenían, y comienzan a preguntarse qué quieren realmente para esta nueva etapa.

La razón práctica detrás del distanciamiento

Mario Alonso Puig señala que una de las razones más prácticas —y quizás menos discutidas— tiene que ver con el agotamiento del cuidado. Muchas mujeres, al llegar a la madurez, sienten que han pasado décadas cuidando a otros y que ahora necesitan cuidarse a sí mismas. No se trata de dejar de amar al compañero, sino de recuperar un espacio propio que fue postergado durante años.

Esta necesidad se vuelve especialmente clara cuando el marido, tras la jubilación o el envejecimiento, empieza a demandar más atención, compañía o cuidados. Para una mujer que siente que ya ha dado mucho, esta demanda adicional puede resultar abrumadora. La distancia no nace del desamor, sino de la necesidad de preservar su propia energía vital.

Cambios hormonales y emocionales

Otro factor determinante es de origen biológico. La menopausia y los cambios hormonales que la acompañan tienen un impacto profundo en el estado de ánimo, el deseo, la energía y la manera en que la mujer se relaciona con su entorno. La caída de los estrógenos no solo afecta al cuerpo, sino también a la percepción emocional. Muchas mujeres reportan mayor claridad mental para identificar aquello que las hace felices y aquello que no, y menor tolerancia hacia relaciones o dinámicas que consideran desgastantes.

Puig destaca que estos cambios biológicos suelen coincidir con un despertar existencial. La mujer se replantea qué quiere hacer con los años que le quedan, qué relaciones desea sostener y cuáles ya no le aportan lo mismo que antes.

La falta de crecimiento conjunto

 

 

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