Los pies pueden revelar mucho más de lo que imaginamos sobre nuestra salud. Algunas alteraciones comienzan de manera tan leve que una persona puede acostumbrarse a ellas y pensar que simplemente son consecuencia del cansancio, la edad o pasar demasiado tiempo de pie.
Sin embargo, ciertos cambios en los dedos de los pies y en las plantas pueden estar relacionados con problemas en los nervios. Una de las posibilidades es la neuropatía periférica, una alteración que puede afectar principalmente los pies y las piernas.
No todos los síntomas significan que exista daño nervioso, pero reconocerlos puede ayudar a prestar atención a tiempo.
1. Hormigueo o sensación de “piquetes”
Una de las primeras sensaciones que algunas personas notan es un hormigueo parecido a pequeños piquetes.
Puede aparecer en los dedos, la planta del pie o extenderse hacia otras zonas.
A veces aparece durante unos minutos y desaparece. Eso puede ocurrir simplemente porque un nervio estuvo comprimido por una postura determinada.
La situación merece más atención cuando el hormigueo aparece repetidamente sin una causa evidente, dura cada vez más o comienza a afectar ambos pies.
2. Ardor en los pies
Otra señal posible es sentir que los pies están calientes o que queman aunque la temperatura exterior sea normal.
El ardor puede ser especialmente molesto durante la noche y puede dificultar el descanso.
En algunas personas, la sensación comienza en los dedos y poco a poco puede extenderse hacia la planta y las piernas.
Este síntoma puede tener diferentes causas, por lo que no debe interpretarse automáticamente como neuropatía.
3. Entumecimiento o pérdida de sensibilidad
Quizá una de las señales más importantes sea notar que determinadas partes de los pies parecen “dormidas”.
Puedes tocar los dedos y sentir menos de lo habitual.
También puede ocurrir que no percibas con claridad el frío, el calor, la presión o pequeños golpes.
El problema de perder sensibilidad es que una persona puede lesionarse sin darse cuenta.
Una ampolla causada por un zapato, una pequeña cortadura o una quemadura pueden pasar desapercibidas.
4. Dolor provocado por un contacto ligero
En circunstancias normales, el contacto de una sábana o de una prenda con los pies no debería provocar dolor.
Pero cuando determinados nervios están alterados, algunas personas pueden desarrollar una sensibilidad exagerada.
El roce de una manta, el contacto con los calcetines o incluso caminar pueden resultar incómodos.
Este tipo de dolor puede describirse como ardor, pinchazos, descargas o una sensación desagradable ante estímulos que normalmente no deberían doler.
5. Sensación de llevar calcetines aunque no los lleves
Existe otra sensación bastante curiosa: sentir como si tuvieras un calcetín puesto cuando en realidad el pie está completamente descubierto.
También puedes sentir presión, tirantez o una especie de capa alrededor de los dedos.
Esto puede relacionarse con alteraciones en la forma en que los nervios transmiten información sobre el tacto y la posición del cuerpo.
No significa por sí solo que exista una enfermedad concreta, pero si aparece de manera persistente conviene comentarlo con un profesional de salud.
6. Debilidad en los pies o las piernas
Los nervios no solamente participan en la sensibilidad. Algunos también intervienen en el control de los músculos.
Por eso, ciertos problemas nerviosos pueden acompañarse de debilidad.
Puedes notar que caminar largas distancias resulta más difícil, que tropiezas con mayor frecuencia o que algunas actividades que antes realizabas fácilmente ahora requieren más esfuerzo.
La debilidad que progresa o interfiere con las actividades cotidianas merece una evaluación médica.
7. Problemas de equilibrio
Los pies envían información al cerebro sobre la posición del cuerpo y el contacto con el suelo.
Cuando disminuye la sensibilidad, puede resultar más difícil saber exactamente dónde están los pies o cómo están apoyados.
Esto puede contribuir a sentirse inestable al caminar.
Algunas personas pueden notar que tropiezan más, pierden el equilibrio al levantarse o necesitan mirar constantemente al suelo para sentirse seguras.
Una pérdida de equilibrio nueva o progresiva no debe ignorarse.
8. Heridas que no notas fácilmente
Esta puede ser una de las señales más silenciosas.
Si la sensibilidad disminuye, una persona puede no sentir una pequeña herida, ampolla, rozadura o quemadura.
El problema es especialmente importante en personas con diabetes, porque las lesiones en los pies pueden complicarse si no se detectan y atienden a tiempo.
Por eso, revisar los pies regularmente puede ser una medida sencilla pero importante, especialmente cuando existe pérdida de sensibilidad.
¿Qué puede causar daño en los nervios?