Reconocer los síntomas, llamar a emergencias y saber iniciar RCP puede mejorar la respuesta ante un infarto o paro cardíaco.
Tres acciones que pueden marcar la diferencia ante un infarto
En redes sociales circulan publicaciones que prometen enseñar “técnicas para salvarte de un infarto”. Algunas recomiendan toser con fuerza, respirar profundamente, beber agua o golpearse el pecho.
Estas maniobras no destapan una arteria ni sustituyen la atención médica. Un infarto es una emergencia en la que parte del músculo cardíaco deja de recibir suficiente sangre, generalmente por una obstrucción en una arteria coronaria.
No existe una técnica doméstica capaz de detenerlo con garantía. Sin embargo, reconocer los síntomas, pedir ayuda inmediatamente y actuar correctamente si la persona pierde el conocimiento puede mejorar sus posibilidades de supervivencia.
Primera acción: reconocer los síntomas y llamar a emergencias
La primera acción es llamar al número local de emergencias ante síntomas compatibles con un infarto, incluso cuando no exista seguridad absoluta sobre la causa.
El signo más conocido es una presión, opresión, peso, ardor o dolor en el centro o lado izquierdo del pecho. Puede durar varios minutos, desaparecer y regresar.
También puede presentarse dolor o molestia en uno o ambos brazos, la espalda, el cuello, la mandíbula, los hombros o la parte alta del abdomen.
La falta de aire, el sudor frío, las náuseas, el mareo, la debilidad repentina y la sensación de desmayo también pueden ser señales de alerta. La Asociación Americana del Corazón recomienda solicitar ayuda de emergencia sin esperar a que los síntomas se vuelvan intensos.
No siempre se siente como un dolor fuerte
Un infarto no siempre produce el dolor intenso que suele mostrarse en las películas.
Algunas personas sienten una presión moderada, indigestión, cansancio inusual o dificultad para respirar. Esto puede provocar que retrasen la llamada porque creen que se trata de gases, ansiedad o agotamiento.
Las mujeres también pueden experimentar presión en el pecho, pero en algunos casos presentan con mayor frecuencia náuseas, falta de aire, molestias en la espalda o mandíbula, debilidad y cansancio inusual.
Los adultos mayores y las personas con diabetes pueden presentar síntomas menos evidentes. Por eso, cualquier cambio repentino e inexplicable merece atención.
Por qué conviene llamar y no conducir
Los servicios de emergencia pueden comenzar la evaluación y el tratamiento antes de llegar al hospital. También pueden responder si la persona desarrolla una arritmia grave o pierde el conocimiento durante el traslado.
Conducir por cuenta propia puede ser peligroso. El estado de la persona puede empeorar repentinamente, provocando un accidente o retrasando la atención.
La Asociación Americana del Corazón señala que quienes llegan en ambulancia pueden recibir tratamiento antes y acceder más rápidamente a la atención hospitalaria necesaria.
Mientras llega la ayuda, la persona debe suspender la actividad, sentarse en una posición cómoda y tratar de permanecer tranquila. También conviene desbloquear la puerta y avisar a alguien cercano cuando sea posible.
Segunda acción: seguir las indicaciones sobre la aspirina
La aspirina puede disminuir la capacidad de las plaquetas para formar coágulos. Por esta razón, en ciertos casos puede utilizarse durante la sospecha de un infarto.
Sin embargo, la primera acción siempre debe ser llamar a emergencias. No se debe tomar una aspirina y esperar a ver si desaparece el dolor.
MedlinePlus señala que la aspirina solo debe masticarse cuando lo indique un médico o el operador de emergencias, la persona no sea alérgica y no tenga una condición que haga peligroso su consumo.
La aspirina puede ser riesgosa para personas con sangrado activo, alergia conocida, determinados trastornos hemorrágicos o indicaciones médicas de evitarla.
Además, algunos síntomas que se confunden con un infarto pueden corresponder a un accidente cerebrovascular con sangrado. Tomarla sin orientación podría empeorar ciertos cuadros.
No utilices medicamentos de otra persona
Algunas personas con angina tienen nitroglicerina recetada para episodios de dolor en el pecho. Si el médico indicó previamente cómo utilizarla, debe seguirse exactamente ese plan.
La nitroglicerina de otra persona no debe utilizarse. Puede reducir peligrosamente la presión arterial y presentar interacciones con determinados medicamentos.
Tampoco deben tomarse analgésicos comunes, antiácidos o medicamentos para la ansiedad con la intención de comprobar si el dolor desaparece antes de llamar.
Que el dolor mejore temporalmente no descarta un problema cardíaco.
Tercera acción: iniciar RCP y utilizar un desfibrilador si la persona colapsa
Un infarto y un paro cardíaco no son lo mismo.
Durante un infarto, el flujo sanguíneo hacia una parte del corazón está bloqueado, pero el corazón generalmente continúa latiendo. En un paro cardíaco, el corazón deja de bombear sangre de manera eficaz y la persona pierde el conocimiento.
Un infarto puede desencadenar un paro cardíaco. Si una persona colapsa, no responde y no respira normalmente o solo jadea, se debe llamar inmediatamente a emergencias, iniciar reanimación cardiopulmonar y conseguir un desfibrilador externo automático si está disponible.
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